sábado, 25 de julio de 2015



Cuadro de texto: CEPVI

Antonio L. Manzanero
 
Desarrollo de la memoria del niño
Muchas personas creen que la memoria del adulto es siempre menor que la del niño. Los estudios experimentales prueban, al contrario, que el adulto aprende con mayor facilidad, es decir, con menor esfuerzo y en menos tiempo que los niños. Y sin embargo, estas personas no se equivocan del todo.
El niño tiene mayor retentividad, si bien menor facilidad para aprender y menor memoria inmediata que las personas mayores. La primera de estas cualidades es muy pobre en los niños muy pequeños, como lo prueba el hecho de que cuando un niño se vuelve sordo antes de los cinco años de edad, con el oído también pierde el habla.
Según los estudios de Meumann y Wessely, la retentividad aumenta hasta los 11 o 14 años y después disminuye gradualmente. No sucede lo mismo con la facilidad para aprender. Esta se desarrolla lentamente hasta los 13 o 14 años y con mucha rapidez de 13 a 16, y llega a su máximo a los 22 o 25 años. Después el poder de aprender permanece casi estacionario hasta los 50 años de edad, en que empieza a disminuir.
El hecho de que el adulto aprende con mayor facilidad que el niño se explica observando que el adulto pone una atención más concentrada en el ejercicio de memorización, se interesa más por éste, comprende mejor lo aprendido y emplea métodos más económicos.
Educación de la memoria
La edad escolar (de 6 a 14 años) es el período en que más se desarrolla la retentividad del niño. Conviene pues aprovecharla, ejercitando la memoria con ejercicios adecuados, y habituando a emplear métodos de memorización eficaces y económicos. La experiencia ha demostrado que los ejercicios de memorización no deben ser formales, sino utilitarios interesantes para el niño. La repetición implícita, los ejercicios en forma de juego o en forma de competencia y la preparación de actos interesantes (fiestas escolares representaciones dramáticas, etc.) son los medios más indicados para este ramo de la educación.
Memoria temprana y amnesia infantil
 Es probable que el recuerdo más antiguo que tenga una persona sea de algo que ocurrió cuando tenía al menos tres años de edad. No obstante, aunque algunas personas tienen recuerdos vívidos desde los tres años, otras no recuerdan nada anterior a los ocho años. En la niñez temprana, los niños no tratan de memorizar a propósito, pero recuerdan sucesos que les causaron una impresión particular. La mayor parte de los recuerdos son de corta duración y no suelen recordarse en etapas posteriores de la vida.
 No obstante, los recuerdos pueden existir aunque una persona no sea consciente de ellos, y recuerdos profundos pueden afectar el comportamiento de una persona sin que se entienda su origen. Para demostrar esto, en una investigación, a niños de nueve y diez años se les mostraron fotografías, algunas de compañeros de preescolar a quienes no habían visto en cinco años o más y otras de niños que no habían conocido nunca, y se midió la conductividad de la piel (impulsos eléctricos de la piel). En los niños que vieron las fotos de antiguos compañeros aparecieron respuestas positivas incluso cuando no eran conscientes de reconocer las caras (Newcombe y Fox, 1994).
Resulta difícil recuperar una información que no fue codificada o se hizo desde un punto de vista o una interpretación diferente a la utilizada en la recuperación posterior. En este sentido debería actuarse con prudencia ante las ocasiones en que una persona dice recuperar siendo ya adulto memorias sobre hechos ocurridos durante la infancia. Por ejemplo, en la mayor parte de los casos los niños muy pequeños víctimas de una agresión sexual no son capaces de interpretar lo ocurrido, de modo que para ellos este hecho no se diferenciará de un juego, una conducta de higiene o una agresión física, al carecer de conocimientos sobre lo que es una conducta sexual. Debido a que la memoria no graba escenas como si se tratara de un vídeo, sino que sólo almacena interpretaciones de la realidad, esos hechos difícilmente pueden ser recuperados años después bajo la etiqueta de agresión sexual. No obstante, si al niño se le suministra información posterior durante los años siguientes podrá generar una “memoria” del suceso, pero sus “recuerdos” pueden ser reales o no. También es posible que muchos años después reinterpretemos la información almacenada en nuestra memoria sesgándola para generar un episodio de esta naturaleza. Igual que una agresión sexual puede ser interpretada por el niño como una conducta de higiene, el recuerdo de una conducta de higiene durante la infancia puede ser reinterpretada por un adulto como una agresión sexual infantil. La memoria es dinámica y continuamente se actualiza la información en ella almacenada.
El final de esta etapa de ausencia de recuerdos tempranos podría dar lugar a una etapa de transición en la que solo se recordarían fragmentos aislados e inconexos de imágenes, comportamientos o emociones sin referencia contextual (Bruce, Wilcox-O'Hearn, Robinson, Phillips-Grant, Francis y Smith, 2005). A partir de esta edad, los recuerdos ya son cualitativamente muy similares a los de los adultos. Los estudios sobre Memoria Autobiográfica en los niños se han detenido en analizar la capacidad o exactitud de sus memorias, su sensibilidad a la sugestión, su capacidad para distinguir realidad de fantasía y su habilidad para identificar a una persona no familiar.
La exactitud del recuerdo infantil
La exactitud de la memoria infantil para hechos autobiográficos puede variar, entre otros factores, en función del intervalo de edad en el que se encuentre el niño, del tipo de prueba de recuerdo que se le administre, del nivel de estrés o la carga emocional implicada tanto en la codificación como en la recuperación, y de lo implicado que esté en el suceso vivido.
Diversos investigadores han encontrado que los niños pueden ser bastante exactos al describir un suceso novedoso y relevante. Por ejemplo, Ornstein, Shapiro, Clubb, Follmer y Baker-Ward (1997) analizaron el recuerdo de niños de 3 a 7 años acerca de una exploración médica aversiva y estresante. Los datos encontrados mostraron que los niños recordaban de forma inmediata un 88% de los componentes de la exploración, lo que indica que son capaces de recordar la mayoría de los procedimientos seguidos en la exploración médica. Cuando fueron preguntados 6 semanas después su recuerdo sólo disminuyó al 86%. Incluso fueron capaces de discriminar entre información real e información falsa sugerida durante las preguntas al negar esta última un 95% de las veces de forma inmediata y un 93% después de 6 semanas. Similares resultados fueron encontrados por Peterson y Bell (1996) con niños de 2 a 13 años que habían sufrido un accidente y tuvieron que ser tratados en un hospital. Los niños de todas las edades fueron capaces de recordar gran cantidad de detalles del suceso, aunque la cantidad aumentaba con la edad. Cuando compararon la capacidad de recuerdo de estos niños con otros que habían recibido tratamiento médico en una situación menos estresante encontraron que los primeros, en todas las edades, recordaban menos información sobre lo ocurrido antes y durante el tratamiento incluso sobre detalles centrales, aunque no había grandes diferencias.
Sin embargo, entre otros problemas que pueden presentar los niños se encuentra la relativa incapacidad de los más pequeños para discriminar entre el esquema general y los detalles episódicos concretos, que en el caso de sucesos múltiples puede llevarles a mezclar detalles de unos sucesos a otros y proporcionar un dato de un episodio concreto como ocurrido en otro episodio al pensar que ese dato es parte del esquema general, o al revés, ya que al relatar los sucesos en términos generales pueden incluir detalles que sólo ocurrieron una vez (Farrar y Goodman, 1990). Hudson y Fivush (1990) señalan que además los niños pequeños en comparación con niños más mayores carecen de los conocimientos apropiados para reconstruir el pasado, por lo que dependen más de las preguntas de los adultos que les guíen en el recuerdo.
Factores que influyen en la memoria de los niños
1. Lenguaje
 El desarrollo del lenguaje es necesario para poder retener y recuperar recuerdos duraderos. Cuando los niños pueden expresar sus recuerdos con palabras, es cuando pueden retenerlos en la mente.

2. Interacción social
 En un experimento (Nelson, 1989), diez niños de tres años visitaron un museo con sus madres. La mitad de las mujeres habló de manera natural con sus hijos mientras estaban en el museo, y la otra mitad se limitó a responder a sus comentarios sin entablar conversación, tal y como les indicaron los investigadores. Una semana después, los investigadores entrevistaron por separado a las madres y a los niños y les hicieron 30 preguntas sobre los objetos que habían visto en el museo. Los niños recordaron solo aquellos objetos sobre los que habían hablado con sus madres, y los del grupo de conversación natural recordaron mejor.

La forma de hablar de las madres de este estudio también influyó en el recuerdo de sus hijos. Algunas de ellas usaron un estilo narrativo, que recurría a experiencias compartidas con sus hijos, como "¿Recuerdas cuando estuvimos visitando a tu abuela en verano?" y otras adoptaron un estilo práctico, utilizando la memoria para un propósito específico, como "¿Dónde va esta pieza del rompecabezas? Ayer lo hicimos".

Los niños de las madres que usaron un estilo narrativo recordaron más cosas (un promedio de 13 respuestas correctas), mientras que los hijos de madres con un estilo práctico obtuvieron sólo un promedio de menos de 5 respuestas correctas.

Los niños recuerdan también mas detalles cuando sus padres o madres utilizan un estilo en el que estructuran una conversación añadiendo más información y refiriéndose a un nuevo aspecto del suceso que comentan.

3. Actividades inusuales 
Los niños de tres años recuerdan con más claridad hechos excepcionales y nuevos. A los tres años pueden recordar estos sucesos hasta por un año o más.

4. Participación
Los niños de preescolar tienden a recordar mejor los objetos que han usado para hacer algo.
Tipos de memoria
Memoria genérica

Comienza alrededor de los dos años y describe el perfil general de un hecho familiar que ocurre de manera repetida, como subirse a un autobús para ir al colegio o lo que se toma habitualmente para desayunar.

Memoria episódica

Se refiere a algo que sucedió una vez en un momento específico, como una visita al zoológico. Este tipo de recuerdos existe incluso a los dos años de edad, pero persiste solo durante unas pocas horas, semanas o meses y luego se pierde.
Memoria autobiográfica
 Es un tipo de memoria episódica, pero hace referencia a recuerdos que tienen un significado personal y forman parte de la vida de una persona. Suele comenzar en la niñez temprana, pero rara vez antes de los tres años. Aumenta lentamente entre los cinco y los ocho años y con frecuencia estos recuerdos permanecen hasta 20, 40 años, o más. Solo aquellos recuerdos que adquieren un significado especial y personal forman parte de este tipo de memoria.
 La memoria autobiográfica tiene una función social, pues permite que compartamos con los demás algo de nosotros mismos. Además, es la base para los relatos, canciones, épica, historia y mitos de todas las culturas.


 Referencias bibliográfica
Manzanero, A.L. (2010): La exactitud de los testimonios infantiles. En A.L. Manzanero, Memoria de testigos: Obtención y valoración de la prueba testifical (pp. 200-202).
Muñoz, A.(2010). Desarrolo de la memoria. Revista Mexicana de Psicología, pp. 203-205)

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